Llevo mucho tiempo esperando este turno para encontrarme contigo.
¡Tú me vas a crear! dame vida con tus proyectos, tus pensamientos, tus palabras, tus sentimientos, tus ideales, pero sobre todo con tus acciones. Ver más »
Me llamo” 2012”
Ya era noche cerrada a las 9:40 pm., cuando Tito cruzó al lado sur de la Sarasota. Sólo unas lucecitas navideñas, traviesas y burlonas rompían la oscuridad. Acababa de terminar su último examen del semestre. Terminaba su carrera, pero desde que Rosa había terminado con él, no le interesaba nada.Dos años de planes, sueños y proyectos se habían apagado. Había pasado todas las materias, pero Rosa lo había quemado. Ver más »
La única luz de su vida era el reflejo de los foquitos navideños en el hielo del fondo de su trago. Llevaba casi un mes bebiendo solo en un rinconcito del bar, enfrente de la universidad. Era su esquinita.
De un lado, un callejón oscuro y del otro, varias mesas. Nadie miraba para allá. En dos ocasiones, había tenido que dejar su carrito en el parqueo de la universidad. Un taxi lo había depositado en su casa, donde gracias a Dios, nadie lo había visto llegar tambaleándose. Se había ido bebiendo todos los cuartos que guardó con ilusión en una caja de tabaco.
En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras. Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
- ¿Que tal anciano? La paz sea contigo.
- Contigo -contestó Eliahu sin dejar su tarea.
- ¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
- Siembro -contestó el viejo.
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Nos pusiste, Señor,en esta tierra
como luz, como hoguera abrazadora,
a nosotros, que apenas mantenemos
la fe de nuestras lámparas.
Nos dejaste, Señor, como testigos, Ver más »
como anuncio brillante entre la gente,
a nosotros, un pueblo vacilante,
tus amigos de lengua temblorosa.
Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.
Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: “No sabía quién era.”
Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. “¿Ves que fácil es?”
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