Cerebro y Motivación

Escrito por Linett Martínez en Reflexiones para Padres

El desarrollo de las neurociencias en todos los campos de investigación, y el sin número de herramientas con las que se cuenta hoy en día para descubrir ese gran misterio que es nuestro cerebro, han puesto a la orden de psicólogos y  educadores las  estrategias necesarias, que les permiten coordinar sus intervenciones con la forma en que funciona nuestra mente.

En este breve exposición pretendemos entender de qué forma se inscriben en nuestros cerebros los diferentes procesos de motivación, para así provocar en nuestros estudiantes esos circuitos neuronales que activan estos procesos. Y a partir de esa comprensión, ofrecer ejemplos prácticos de cómo desarrollar la motivación intrínseca en nuestros hijos.

Causas comunes de la falta de motivación.

Las causas de la desmotivación estudiantil son  prácticamente ilimitadas. Varían por el tipo de población estudiantil, por el momento del año, y hasta por el nivel de ingresos. Solo conversando con sus hijos podrán saber qué es lo que realmente los desmotiva. Sus razones pueden ser sumamente diferentes de lo que usted cree. Sin hacer su tarea cuidadosamente, los padres y maestros, podemos estar invirtiendo una inmensa cantidad de recursos para resolver un problema que no existe. Una vez que sabemos que motiva a nuestros hijos o estudiantes, ¿Qué hacemos para motivarlos?

Recompensas y el cerebro: ¿Buenas o malas?

Nuestro cerebro está diseñado biológicamente para predecir, procesar, disfrutar, y recordar las recompensas. El recorrido cerebral que se da a la hora de recibir una recompensa es complejo, involucra  tareas de  predicción, detección,  de orientación hacia una meta, planificación, placer, expectativas y memoria. Las áreas cerebrales que participan son el hipotálamo, la corteza orbitofrontal, la amígdala, y otras estructuras medias del cerebro (Schultz, 2000).

Los premios pueden temporalmente estimular respuestas físicas, sin embargo suelen impedir, no ayudar, con los comportamientos más complejos. Así que si usted piensa que dar premios le ayudará a desarrollar mentes brillantes, lo más probable es que resulte decepcionado. Esto es lo que el gran pensador, físico y premio Nobel Richard Feynman (1999) escribió sobre los premios:

“Yo no entiendo cual es el punto de que alguien en la academia sueca decida que este trabajo es lo suficientemente digno para recibir el premio- Yo ya tengo el premio. El premio es el placer de encontrar lo que estaba buscando, el impulso en el descubrimiento”.

Nuestra mente fabrica sus propias recompensas. Se llaman opiáceos, y pueden producir una excitación natural similar a la producida por las drogas.  Probablemente a la mente no le interesa si la recompensa es concreta- como dinero u objetos de valor- o  privilegios, status, reconocimiento, atención, seguridad o fama.

Las recompensas, para el cerebro, no son algo tan simple como el responder una pregunta de si o no. Sucede que el cerebro tiene diferentes tipos de sistemas que alertan sobre las recompensas. Una de los sistemas incluye códigos para predecir las recompensas, y el otro, para corrección de errores. El primer sistema crea atención (más si el refuerzo es aleatorio), y el segundo crea un mejor aprendizaje.

El sistema de recompensa-predicción se toma la tarea de predecir el placer que puede venir. La predicción del placer es suficiente para activar la dopamina, neurotransmisor que activa el circuito del placer (Tremblay y Schultz,2000).

Aunque se obtiene placer de la anticipación de la recompensa, el cerebro enloquece cuando el premio viene como una sorpresa, desatando una explosión de dopamina. Con este nuevo placer encontrado, el cerebro almacena entonces la condición de la recompensa como parte de su memoria, y la predicción de esta puede comenzar en otra ocasión.

El asunto está en que aunque en un principio aunque los estudiantes mejoran cuando han recibido  una recompensa inicial, con el tiempo, la ejecución de la mayoría de ellos tiende a disminuir en la misma medida en que sus acciones continúan siendo motivadas. Este patrón  sostiene la investigación de que la dopamina es activada tanto con el sistema de predicción como con la recompensa en si misma (Berridge y Robinson, 2002).

Otro problema, biológicamente hablando, es que el cerebro rápidamente se habitúa a la recompensa (Koob y LeMoal, 2001). Recuerde que tenemos un cerebro que se adapta, que es dinámico y cambia en respuesta al ambiente, lo que significa que lo que funciono el algún momento puede que no funcione por mucho tiempo. Podemos pasar rápidamente del estar satisfecho con un 80 a querer un 85 por el mismo esfuerzo. En otras palabras, las recompensas cambian el cerebro rápidamente, y lo que funciono el algún momento deja de trabajar (Koob y LeMoal,1997).

¿Cómo se relaciona esto con la motivación hacia el aprendizaje? En primero de primaria un niño estará feliz con una sticker, en tercero con una galletica y ya en quinto solo un pedazo de pizza podrá tener el mismo efecto. Ya para octavo grado, las pizzas no son la gran cosa, y los niños quieren una bicicleta o cualquier cosa equivalente.

Lo que nos lleva a concluir que activar un sistema de motivación extrínseco, puede ser tan efímero como el minuto que pasa. Y nos lleva a considerar seriamente el promover la motivación intrínseca, que no es más que el promover la activación de la curiosidad natural de los alumnos.

Activando la Motivación Intrínseca.

Como padres y maestros podemos orquestar un ambiente favorable- uno que tenga bajos niveles de estrés y sea alto en retos- que permita que surja en el individuo la motivación intrínseca por aprender. Existen algunos lineamientos que podemos seguir:

  1. Asegurarnos que los estudiantes tengan o un proceso modelo a seguir o un meta final importante.
  2. Asegurarse de que tengan las herramientas necesarias para lograr sus objetivos.
  3. Permitirles elegir- tanto para las cosas pequeñas como para las grandes.
  4. Modelar el disfrute por el aprendizaje, la lectura.
  5. Proveer una variedad de experiencias relevantes en relación al objetivo buscado.
  6. Asegurarnos de que los estudiantes le encuentre significado a lo que están haciendo.
  7. Retroalimentar durante todo el proceso la evaluación del progreso.
  8. Permitirles a los estudiantes más tiempo para que el cerebro fije la información que recibe en forma de input diariamente.

Alternativas a las Recompensas.

Ayudar a nuestros estudiantes a crear estados mentales positivos. Uno de los mayores descubrimientos en la historia de la neurociencia fue el descubrimiento que de todos los comportamientos externos de alguna forma se correlacionaban con los procesos cerebrales internos. Millones de neuronas forman complejas redes, que señalan sistemas que representan los comportamientos que llamamos “estados mentales”. Lo que sucede es algo similar a la forma en que el viento, el sol, y la humedad en forma colectiva forman complejos patrones atmosféricos que llamamos “estado del tiempo”. Los estados mentales crean “estados de tiempo” en nuestros cerebros en cada momento.

Los estados mentales cambian con nuestras sensaciones (como el hambre, la fatiga), sentimientos (como la culpa, felicidad, preocupación), y  los pensamientos (como el optimismo, esperanza) combinándose y recombinándose simultáneamente. Pero los estados mentales no son intangibles como antes pensáramos, por el contrario, son altamente cuantificables, muy reales, y definitivamente cognitivos (Damasio, 1994).

Ahora, que tienen que ver los estados mentales con la motivación y el compromiso. En primer lugar, los estados mentales combinan nuestras interacciones emocionales, cognitivas, y físicas lo que nos permite tomar todas nuestras decisiones. Evocar estados mentales específicos les permite a los estudiantes tener mas libertad para hacer nuevos aprendizajes. Liberando así al estudiante de viejos patrones mentales que no le permiten involucrarse en el proceso de aprendizaje, y proveyéndolo de la flexibilidad necesaria para enfrentar positivamente cualquier nuevo reto o sistema de pensamiento.

Todos los comportamientos que deseamos de los estudiantes vienen de un abanico de estados mentales potenciales. Entonces el primer objetivo de nuestra intervención será tratar de ubicar a nuestros hijos y alumnos en un estado mental apropiado para el objetivo que deseamos lograr, para así lograr un cambio en la actitud.

De esta forma abordamos el asunto de la motivación desde otra perspectiva, desde la óptica de manejar el estado mental. Pero, ¿cómo podemos leer y manejar los estados mentales? El  leer el estado mental de nuestros hijos y estudiantes es crítico. Por ejemplo: Si vemos a un estudiante en un estado de apatía, recordemos que probablemente comenzó en otro estado el de frustración. Cuando no tratamos la frustración el niño puede tomar uno de dos caminos: enfadarse o desconectarse. El punto es, que es mejor hacernos sensible del estado de frustración que del de enfado o apatía. Si prestamos atención y leemos el estado mental de nuestros niños prevenimos muchas conexiones cerebrales negativas para nuestros objetivos.

Una vez que leemos el comportamiento, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Es el estado que estoy viendo apropiado para el objetivo que quiero? Si no lo es, tiene una solución en potencia: Cambiar el estado primero, y después el cambio en el comportamiento se da más fácilmente.

A continuación algunas formas prácticas para cambiar el estado mental de los estudiantes:

  1. Eliminar la amenaza. Use pequeños grupos de discusiones para preguntarle a los estudiantes que hace que el colegio sea una experiencia  incomoda y que pudiera hacer el aprendizaje mas un momento de disfrute.
  2. Ofrecer temas diarios que incorporen lo que su hijo esta viviendo en su proceso de aprendizaje. Esta estrategia puede ayudar al niño a tener una actitud mas enfocada. Entérese de cuales son los temas que los niños están trabajando en el colegio y ofrézcales anécdotas, comparta datos y experiencias tanto de usted como de cualquier miembro de la familia.
  3. Trabaje para tener una influencia positiva. Haga esto todos los días simbólica y concretamente. No olvide las creencias de los niños hacia sí mismos y hacia el aprendizaje.  Esta influencia positiva se ve representada en el uso de afirmaciones, reconocer el éxito del niño, darle señales no verbales positivas y  promoviendo el trabajo de equipo.
  4. Maneje la emoción de sus hijos y entrénelos a auto manejarlas. Una buena forma de hacerlo es involucrar el uso productivo de rituales, dramas, celebraciones. Usar conversaciones estructuradas positivamente para manejar los estados mentales. Si están en un estado negativo, ofrézcale temas que le permitan expresarse y a enfocarse hacia algo mas positivo. La música y actividades son excelentes formas de influenciar y cambiar es estado de animo de sus hijos y estudiantes. Como así también paseos cortos, buenas historias, estrecharse, juegos, y  a fuera. En otras palabras, use todos los recursos a su disposición para cambiar el estado mental de sus hijos.
  5. Deles retroalimentación. Es una de las principales fuentes de motivación intrínseca.

En general, toda la investigación nos lleva a comprender que el problema de la motivación es la forma en que manejamos los estudiantes.  En vez de preguntarnos, ¿Cómo puedo motivar a mi hijo?, pregúntese ¿De qué forma natural se motiva a si mismo su cerebro? Recuerden que nuestro cerebro naturalmente produce opiáceos que activan circuitos neuronales de placer. Creemos el reto, construyamos un ambiente enriquecedor y de soporte, y dejemos que cada uno de los organismos de nuestros hijos haga el resto!

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ago/10
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Una respuesta en “ Cerebro y Motivación”

Miguel Coradin
sep 1, 2010
9:05 am

Si nuestros maestros dominaran a plenitud estas metodologías podrían lograr estupendos resultados con los alumnos, la motivación es la base de una clase modelo, existen miles de formas para motivar los adolescentes.

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