Asumamos, Unidos, El Desafío Educativo De Nuestro País (Segunda Parte)

Escrito por Hno. Alfredo Morales en Hno. Alfredo Morales, Reflexiones para Educadores

En este segundo comentario del informe de la UNESCO continuamos el análisis y profundización de aspectos fundamentales del documento mencionado, y que deben de tenerse muy en cuenta en el debate actual sobre el tema educativo en nuestro país.
El autor de la Presentación de dicho Informe, que es lo que estamos comentando, aborda el tema de la relación entre la educación y el desarrollo económico y social de los pueblos, y  afirma “la importancia de reducir el fracaso escolar, causante de un tremendo despilfarro de recursos humanos, que todo el mundo debe medir”.
Con los datos presentados, plantea la necesidad de implantar un proceso de educación para toda la vida en el seno de la sociedad:
“Debe imponerse el concepto de educación toda la vida, con sus ventajas de flexibilidad, diversidad y accesibilidad en el tiempo y el espacio”.
Con ello declara a la educación como un proceso permanente, que ofrezca a todo ser humano la posibilidad de continuar su crecimiento integral, cognoscitivo, cultural, ético, etc. mientras vida tenga, con la condición de que dicho proceso tenga la capacidad de adaptase a la situación real de cada ciudadano del mundo.
Tremendo salto cualitativo en la concepción y vivencia del acto educativo. Requerirá tiempo, y la creación de canales coherentes con este principio revolucionario. Lo que es seguro es que demandará iniciativas y participación de los líderes de las Naciones, por la visión que implica y la inversión que exigirá el lograr implantar lo que hoy se conoce como “sociedad educativa”.
Por eso, para no pecar de iluso, el autor de la Presentación, Jacques Delors, aborda los presupuestos necesarios en la búsqueda de esa meta ideal. Afirma:
“Para que una persona pueda utilizar bien ese potencial educativo que se le ofrecerá a lo largo de su vida, debe poseer todos los elementos de una educación básica de calidad. Mejor aún, es deseable que la escuela le inculque más el gusto y el placer de aprender, la capacidad de aprender a aprender, y la curiosidad del intelecto.
Para ello, nada puede reemplazar el sistema formal de educación, en que cada uno se inicia en las materias del conocimiento en sus diversas formas”.
Concluye su reflexión sobre este punto con una afirmación de la mayor importancia:
“Nada puede sustituir a la relación de autoridad, pero también de diálogo, entre el maestro y el alumno. Es el maestro quien ha de transmitir al alumno lo que la humanidad ha aprendido sobre ella misma y sobre la naturaleza, todo lo que ha creado e inventado de esencial”.
Es digno de destacar este equilibrio en los planteamientos de esta autoridad internacional en materia de educación: presenta un proyecto similar a un edificio gigantesco y complejo, pero tiene mucho cuidado y precisión al destacar la importancia de buenos cimientos para que tal edificio se pueda construir y no se desplome estrepitosamente.
Emerge así, en su discurso educativo, la noble figura del educador, educadora, como constructores de los cimientos de la tan deseada “sociedad educativa”.
Que los maestros y maestras que lean estos comentarios, se sientan motivados a continuar con su callada y cotidiana labor docente y educativa, al saberse fundamentos de ese ambicioso proyecto global de educación permanente.
El autor presente 3 pilares que deben estar presentes en los cimientos, para que sea  posible llegar luego a la “sociedad educativa”:
1.    “Aprender a conocer: Promover una cultura general, lo suficientemente amplia en la etapa escolar, apoyada en un número reducido de materias, que siente las bases para querer seguir aprendiendo a lo largo de la vida.

2.    Aprender a hacer: No limitarse a aprender un oficio, sino adquirir unas competencias que permitan hacer frente a numerosos situaciones, algunas imprevisibles, y que facilite el trabajo en equipo, dimensión demasiado olvidada en los métodos actuales de enseñanza.

3.    Aprender a ser: Fue el título y el tema dominante del Informe Edgar Faure, publicado en 1972 bajo los mismos auspicios de la UNESCO.
Sus recomendaciones conservan una gran actualidad, puesto que el siglo XXI nos exigirá una mayor autonomía y capacidad de juicio, junto con el fortalecimiento de la responsabilidad personal en la realización del destino colectivo.
Todo ello viene a confirmar la necesidad de comprenderse mejor uno mismo”.

De lo planteado se derivará un principio importante, que lo destacará el auto de este Informe:

“Por consiguiente, la educación tiene que adaptarse en todo momento a los cambios de la sociedad, sin por ello dejar de transmitir el saber adquirido, los principios y los frutos de la experiencia”.
Pasando a un nivel más profundo de sus planteamientos, el autor aborda otro tema candente: Reconsiderar y unir las distintas etapas de la educación. Tal parece que la Comisión, como resultado de su investigación a nivel mundial, haya detectado vacíos, saltos, rupturas o contradicciones entre una etapa y otra de los procesos educativos sistemáticos, por falta de factores comunes a todo el proceso que garanticen su enlace de manera progresiva. Para garantizar esa secuencia orgánica y creciente se requiere la presencia de otros actores sociales.
“La combinación de la enseñanza tradicional con enfoques extraescolares tiene que permitir al niño acceder a las tres dimensiones de la educación, es decir, la ética   y cultural, la científica y tecnológica, y la económica y social. Dicho de otro modo, la educación es también una experiencia social… La familia y las comunidades locales deben involucrarse”.
En otras palabras, las instituciones educativas tienen que derribar sus muros simbólicos, y con mucha frecuencia reales e imponentes, que distancian al educando de su medio humano y social. Combinar “enfoques extraescolares”, en el contexto de la cita anterior, implica crear puentes entre la escuela y su entorno a todos los niveles, con una proyección que permita a los educandos ir adquiriendo una correcta visión global de la sociedad y de toda la humanidad.
¿En qué momentos del proceso escolar se abrirán esos puentes? Eso es lo que tienen que decidir aquellos que definen los objetivos, metodologías, estrategias y recursos de la Institución al momento de definir su identidad y su finalidad.
Mientras más quepa el mundo real en el proceso educativo sistemático, más posibilidades hay de que dicha Institución esté realmente “educando desde y para la vida”.
Por eso el documento que comentamos, por simple lógica deductiva, menciona a la familia y a la comunidad local como integrantes necesarios de un proceso educativo que quiere estar abierto a la realidad y al mundo.
El autor comenta la creciente obsesión de llegar a la enseñanza superior “como si se estuviese jugando a todo o nada”, más adelante cita a la Comisión, la que opina que solo se puede salvar esa dificultad mediante una diversificación muy amplia en la oferta de trayectorias, que permitan “la valoración de los talentos de todo tipo, de manera que se limite el fracaso escolar, y se evite el sentimiento de exclusión y carecer de futuro, a un grupo de adolescentes cada vez más numeroso”.

Publicado oringinalmente el  30 de enero del 2011

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