Asumamos, Unidos, El Desafio Educativo De Nuestro País (Séptima Parte)

Escrito por Hno. Alfredo Morales en Hno. Alfredo Morales, Reflexiones para Educadores

Con este artículo iniciamos el comentario del 3r. capítulo del Informe de la UNESCO 1996,que lleva por título: “Del crecimiento económico al desarrollo humano”.
El documento comienza con un crudo diagnóstico de la realidad:
Reconoce que “el mundo ha experimentado durante los últimos 50 años un auge económico sin precedentes”; pero a continuación dice: “Sin embargo, esa forma de desarrollo fundado económicamente en el crecimiento humano, ha suscitado profundas desigualdades, y los ritmos de progresión son muy diferentes según el país y la región”.

También reconoce que “se han acentuado las desigualdades a raíz de la competencia entre los países y los distintos grupos humanos”. Hace notar luego que la educación tiene una gran demanda, pero con fines económicos, no tanto culturales o de desarrollo humano.
Las comparaciones internacionales ponen de relieve lo importante que es el capital humano para la productividad y, por consiguiente, la inversión en educación”.
Parece querer decir que es una educación interesada y viciada de origen en su finalidad: que la persona esté más preparada para que rinda más y produzca más beneficios al responsable del proyecto laboral.
Eso explica  por qué hoy en día “se exigen nuevas aptitudes, y los sistemas educativos deben responder a esta necesidad no solo garantizando los años estrictamente necesarios de escolaridad o de formación profesional, sino formando científicos, personal innovador y tecnólogos de alto nivel”.
La formación permanente, que tanto auge va teniendo, se puede situar en esta perspectiva de acelerador del crecimiento económico, visión ciertamente utilitarista e incompleta. Por eso “en numerosos países industrializados se observa un aumento considerable de los recursos asignados a la formación permanente”.
De este diagnóstico con luces y sombras, el informe de la UNESCO saca una conclusión: “Ya no es posible pedir a los sistemas educativos, que formen mano de obra para un empleo industrial estable; se trata  más bien de formar para la innovación, personas capaces de evolucionar, de adaptarse a un mundo en rápida mutación, y de dominar el cambio”.

Luego de describir estos cambios deseables en los objetivos de los sistemas educativos, el Informe reconoce que “es evidente que numerosos países en desarrollo se encuentran  especialmente desprovistos de estos recursos, y sufren de un gran déficit de conocimientos, y siguen siendo muy graves las desigualdades en materia científica y de investigación y desarrollo. El éxodo de profesionales hacia los países ricos acentúa este fenómeno.”.
De todo lo expuesto, el documento que analizamos llega a una importante conclusión:
Los países en vías de desarrollo no deben descuidar nada que pueda permitirles la entrada indispensable en el universo de la ciencia y la tecnología, con todo lo que ella entraña en materia de adaptación a la cultura y modernización de las mentalidades.
Desde esta perspectiva, la inversión en educación e investigación, constituye una necesidad. Y uno de los principales motivos de preocupación de la comunidad internacional debe ser el peligro de marginalidad total de los excluidos del progreso en una economía mundial en rápida transformación”.

La participación de la mujer en la educación, palanca esencial del desarrollo.
Al tocar este tema, de tanta actualidad y trascendencia, el Informe ofrece primero datos realmente alarmantes:
·    Las 2/3 partes de los adultos analbabetos, o sea 565 millones de personas, son mujeres que en su mayor parte viven en las regiones en desarrollo de Africa, Asia y América Latina.
·    A escala mundial, la escolarización de las niñas es inferior a la de los niños; 1 de cada 4 niñas no asiste a la escuela, cuando en los varones es 1 de cada 6.
La conclusión se impone, y el Informe deja constancia de ello:
El principio de equidad impone un esfuerzo particular para suprimir todas las desigualdades entre los sexos en materia de educación, pues constituye la base de inferioridades duraderas que pesan sobre la mujer durante toda su vida. Además, todos los expertos reconocen hoy la función estratégica que la mujer desempeña en el desarrollo. En particular, se ha establecido una correlación muy clara entre el nivel de educación de la mujer, por una parte, y el mejoramiento general de la salud y la nutrición de la población”.
Felizmente, el actual acceso de la mujer latinoamericana a los niveles más elevados de los cargos públicos en varios países de nuestro Continente, como la Presidencia de la

República, Ministerio diversos, etc. es una señal muy positiva que refuerza y respalda la aseveración de la UNESCO.
Pasa ahora el Informe que comentamos a dejar constancia de un fenómeno inesperado pero real: Los daños causados por el progreso, y señala oportunamente que “el objetivo del simple crecimiento económico resulta insuficiente para garantizar el desarrollo”.
¿Por qué? Se preguntarán muchos lectores de este comentario. El mismo Informe se encarga de responder:
Se le pone en tela de juicio por dos razones: no sólo en razón de su carácter desigualitario sino también por los elevados costos que induce, sobre todo en materia de ambiente y de empleo”.
Con respecto al ambiente, señala que “el ritmo de uso actual de los recursos no-renovables, corren peligro de escasear, A esto se añade la rarefacción del agua, la deforestación, el efecto invernadero; y la transformación de los océanos en un gigantesco cubo de basura son otras tantas manifestaciones alarmantes de una irresponsabilidad general de nuestra generación con respecto al futuro”.
Como si no fuera bastante, el Informe añade: “Por otra parte, el veloz aumento del desempleo durante los últimos años en numerosos países, constituye – en muchos aspectos – un fenómeno estructural vinculado al progreso tecnológico. La sustitución sistemática de los trabajadores por un capital técnico innovador que aumenta sin cesar la productividad, contribuye al subempleo de una parte de la mano de obra”.

Crecimiento económico y desarrollo humano.
De la mano de estas importantes reflexiones vamos llegando a las condiciones que justifican y explican la intencionalidad del título de este 3r. capítulo del Informe de la UNESCO 1996 que estamos comentando.
“Son sin duda estos callejones sin salida, a los que conduce inevitablemente un modelo puramente productivista, los que en el decurso de los años han llevado a las instancias competentes de las Naciones Unidas a dar al concepto de desarrollo un significado más amplio, que rebasa el orden de lo económico e incorpora su dimensión ética, cultural y ecológica.
El “Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo” (PNUD), en su primer Informe sobre el desarrollo humano (1990) propuso que se considere el bienestar humano como la finalidad del mismo.

Por eso, este Documento de la UNESCO 1996 aclara que “precisamente la Comisión ha situado su reflexión sobre la educación para el siglo XXI ateniéndose a esa concepción amplia de desarrollo”.

La educación para el desarrollo humano.
La educación debe permitir que cada persona se responsabilice de su desarrollo a fin de contribuir al bien de la sociedad en la que vive, fundando el desarrollo en la participación responsable de las personas y las comunidades”.
Pero para que esto sea realidad, se debe facilitar a todos, lo antes posible, la educación como se ha descrito, que debe ser un “auténtico pasaporte para la vida”, como dice el Informe de la UNESCO, porque “el proceso de desarrollo debe permitir, antes que nada, despertar todo el potencial de quien es a la vez protagonista y destinatario último: el ser humano, el que vive hoy, pero además el que vivirá mañana sobre la tierra”. (Cita de Federico Mayor, ex – director General de la Unesco, París, 1994)

El conjunto de reflexiones, citas y comentarios expresados desde el inicio de este documento de reflexión  hasta ahora, corresponde a lo que en el Informe de la UNESCO 1996 lleva el título de PRIMERA PARTE: HORIZONTES.

Publicado originalmente el 15 de abril del 2011

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