Experiencia de pertenecer a Lux Mundi en estos 25 años

Escrito por Doris Cruz en Reflexiones para Educadores

25smallEn noviembre de 1991, supe de Lux Mundi. En ese entonces, Celeste Abréu, gran amiga y persona vinculada al Colegio, desde que se forjó la idea del mismo, me dijo que necesitaban una Maestra de Español, pues la profesora que había iniciado el año escolar, se había ido a España. Justo, el Colegio tenía dos meses que había abierto sus puertas, como Pre Universitario.

Recuerdo que la primera vez que visité la Escuela, me encontré con la Licenciada María Amalia quien me recibió con una sonrisa estampada en el rostro y unas palabras muy cordiales. Ella y el entorno me atraparon. La Escuela lucía como una gran casa acogedora y los espacios llenos de luz y color, hacían sentir a una como en su propio hábitat.    Las palabras entusiastas de María Amalia me dejaron muy motivada. Así pasé a formar parte de Lux Mundi. En ese entonces, estaban funcionando 7mo. 8vo. y 9no. grados. Era un total de 40 alumnos… Recuerdo que los Actos de Bandera se hacían en círculo. Había un gran entusiasmo y los maestros y alumnos éramos como una familia… Llega a mi memoria la figura del Profe Delso Fernández, quien fue el primer maestro que vi. Me sorprendió su bata blanca. Parecía un médico. Es un educador extraordinario y amigo entrañable. Ya no está en el Colegio. Vive en Estados Unidos… Siempre que voy, lo visito… Richard Ramírez también ya estaba. Pensaba, entonces, que él lideraba algún área, porque vivía dando órdenes. Un día le pregunté que por qué dirigía tanto, y me manifestó que a él le gustaba mandar y que como yo era nueva, me tenía que orientar (¿Qué les parece? ¡Qué antigüedad de dos meses!). También trabajaban, Juli Moncada, en Cómputos y Profe Maribel Solís y luego, Radhamés, en Deporte. En esa época, Alina Abreu era maestra de Danza y Lidia León, hermana de la Licen María Amalia, daba las clases de Dibujo.

Todos, personas muy queridas.
Éramos pocos, y eso sumaba una gran intimidad. Es increíble. Pasábamos mucho tiempo, en estas cuatro paredes. Los profesores nos dábamos mucho apoyo, en cuanto al tema de la disciplina y motivación de los estudiantes. Recuerdo que siempre profe Delso, Richard y yo nos visitábamos en nuestros cursos y dialogábamos con los alumnos sobre estos temas. Richard y yo nos quedábamos, por las tardes, impartiendo el Enriquecimiento Académico, en el Taller Recreativo Infantil que se impartía en esas horas. El Taller era un espacio maravilloso para los niños, al igual que los campamentos de verano. Muchos alumnos del Pre Universitario comenzaron a formar parte de la Escuela, de esa manera. También, algunos de nuestros hijos pertenecieron a ambos… Néstor Eduardo, mi hijo mayor, formó parte del Taller, y participó en todos los campamentos. Eso incidió mucho en su formación. Aquí, se forjó en él, el gusto por la música y su interés por el Inglés. Lourdes Currella e Iris Salvador hicieron un trabajo puntual en esos espacios culturales y deportivos. Una pena que mi hija Amelia sólo participó en un campamento. En ese momento, ya esas tardes recreativas y los campamentos dieron paso para que la Escuela se expandiera, destinándose las áreas al Pre Universitario… Las instituciones se transforman para crecer. Pero esas vivencias quedan registradas en nuestra memoria, con nostalgia. Formaron parte importante de nuestra vida, en Lux Mundi.
Ahora, recuerdo esos inicios. ¡Cómo ha pasado el tiempo! Cuántas experiencias compartidas, en esta Escuela, la cual ha sido como un segundo hogar para muchos de nosotros.El Colegio fue creciendo y nuevos alumnos y maestros se incorporaron. Así mismo, diferentes miembros del Equipo Directivo, Administrativo y de apoyo…Se formó la Escuela Primaria, bajo el liderazgo directo de Carmen Quiterio… Recuerdo que algunos como Profe Joseline Peña, pasaron a formar parte de la misma. Yo preferí seguir en Educación Media, a pesar de las motivaciones de Carmen y Joseline para que las acompañara. La Primaria duró unos años en la Avenida Abraham Lincoln. No recuerdo cuántos…
En el Área de Español, como en otras áreas, ha habido cambios, a través del tiempo. Maestros que permanecen y otros que llegan. Dice Gardel que 20 años no es nada, pero sí que significan mucho. Es un cuarto de siglo, la existencia de Lux Mundi. Veinticinco años, ya… De aquella pequeña Escuela, queda la esencia. Ya somos una Institución conformada con un gran Equipo de trabajo. Dos Escuelas en una (Primaria y secundaria), con una estructura diferente.
Aquí, hemos cimentado grandes lazos entre amigos, los cuales son como una familia para cada uno de nosotros. Tantos años compartidos. No diré nombres, no vaya a ser que se me olvide alguno. Rostros queridos de tantos y tantos años… Ustedes saben a quiénes me refiero… Y nuevos rostros, plenos de energía, de personas que han ampliado esta gran familia que es la Comunidad Educativa Lux Mundi.
Diversas promociones han dejado sus huellas. Alumnos que recordamos, rostros dibujados en nuestras memorias. Algunos nos visitan; otros no han vuelto. Han iniciado vidas en otros lares. Pero aquí está su Escuela que tanto los acogió y los formó. Siempre he mirado a los alumnos con proyección a futuro. Uno no sabe el tesoro que yace en su interior. Son muchos los que crecen, y se transforman ante nosotros, con un gran despliegue de talento inusitado. Esos jóvenes inquietos y hasta dispersos, se convierten en seres humanos valiosos, excelentes profesionales y muy buenos padres de familia. Los maestros siembran la semilla, pero, muchas veces, no ven esos frutos. Es una carrera de siembra, pero son otros los que aprecian la cosecha: ¡Ley de la vida! Pero debemos estar conscientes de ello, y nos frustrarnos. Tomemos como ejemplo los amaneceres, son hermosísimos y muchas veces no los apreciamos… Si hay un profesional de gran valía es el maestro, pues contribuye a forjar un ser humano… Sintámonos orgullosos y satisfechos de ello.
En estos momentos, no estoy en las aulas, formalmente; pero, a través de la Coordinación y del acompañamiento a las maestras de nuestro Departamento de Español, tengo presencia y sé lo que ocurre. Han sido muchos años de labor, y pienso que se es maestro toda la vida… Una no se puede quitar el traje de educador; siempre modelas lo que asumes.
    Lux Mundi ha sido el escenario perfecto para que muchos de nosotros hayamos visto las transformaciones de los alumnos y apreciemos lo que puede hacer una institución educativa forjada en valores, en la vida de niños y jóvenes.
Las Licen María Amalia y Leonor, a quienes denominamos así con cariño, han sabido forjar una auténtica Escuela, junto a un puñado de maestros amantes de su oficio y preparados en sus áreas de formación pedagógica. Ellas han liderado, con acierto y dedicación, esta Institución, apoyadas en un grupo humano muy valioso integrado por un personal, en las distintas especialidades, que vela por la realización de una digna labor. Es un equipo muy especial que asume su trabajo, con entrega y amor.
De mi parte, siempre he valorado, grandemente, la calidad humana de todos los integrantes de esta Comunidad, y ha habido momentos en que estado fuera, en los cuales extrañé y aquilaté esa condición. Primero, en 1998, durante seis meses, porque me vinculé a un proyecto de trabajo diferente, como guionista de programas educativos. Luego, en el 2011, con una licencia por serios problemas de salud, que ya la mayoría conoce. En ambos momentos, sentí la falta de la Escuela. Cuando volví, sentí que regresaba a mi casa, que estaba en el lugar donde pertenecía.
Precisamente, cuando enfermé y debuté como paciente renal, viví momentos aciagos, y pude aquilatar la capacidad solidaria y amorosa de todos los integrantes de la Comunidad. No puedo dejar de reconocer que aquí encontré tantos ángeles que velaron por mi salud y que me extendieron su mano amiga y solidaria. En esos momentos, sentí que era bendecida por formar parte de una familia laboral amorosa y que se preocupaba por mi salud. Y así lo sigo considerando. Y qué no decir de los alumnos. Motivados por sus maestros, mis queridos compañeros, dijeron presente, y aportaron sus manos solidarias para que yo pudiera salir adelante… Es algo que preservo en mi mente y en mi corazón, que atesoro y valoro, eternamente… Dios se lo reproduzca en bendiciones de toda índole.
Hoy, al Colegio cumplir sus veinticinco años de labor, algunos de nosotros estamos compartiendo nuestras vivencias… Es difícil expresar en unos párrafos todo lo que se puede haber vivido en un cuarto de siglo: Es tanto lo compartido… Pero es hermoso recordar y atesorar los momentos vividos con tantos seres humanos valiosos y con tantos alumnos que hemos apreciado y valorado como si fueran nuestros propios hijos. El don de educar es un hermoso regalo de Dios. Sintámonos bendecidos por tan extraordinaria experiencia. Gracias a Lux Mundi, por propiciar la vivencia de estos importantes años de nuestras vidas.

 

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